jueves, 16 de octubre de 2008

reloj internacional, zonas horarias, países


Hermoso reloj digital internacional.

información de efectividad de rendimiento de los profesionales

¿Por qué se exigen resultados a los equipos de fútbol y no a la banca?

http://feeds.feedburner.com/~r/martinvarsavsky/spanish/~3/421402808/%c2%bfpor-que-se-exigen-resultados-a-los-equipos-de-futbol-y-no-a-la-banca.html

Posted: 15 Oct 2008 04:19 AM CDT

Real Madrid at Santiago Bernabeu during a 2007...
Image via Wikipedia

Me parece muy interesante que en USA los demócratas salieron a defender las contribuciones fiscales del ciudadano y pusieron condiciones para dar ayudas a los bancos que dicen que los bancos que reciben ayuda tienen que reducir los sueldos a los altos ejecutivos y en la España socialista no. 

Aún no entiendo como los españoles no están igual de enojados que los norteamericanos con un sistema que se dedicó de manera tan exagerada a promover la construcción en el país que más viviendas por habitante ya tenía en el mundo y cuyos bancos, por ejemplo el Santander, invirtieron en bancos norteamericanos como el Sovereign que se dedicaban a hacer lo mismo en USA y perdieron muchísimo dinero. 

Al asegurar los depósitos, y poner 50 mil millones de euros para salvar a la industria bancaria española el gobierno español tendría que quedarse con acciones de bancos como está ocurriendo en USA. Además en USA el gobierno le cobra a los bancos por darles el seguro adicional via el FDIC. En USA buenos resultados significa más compensación y malos resultados menos compensación. En España no.

Lo que puede estar ocurriendo en España es que el público aunque puede sentirse descontento con los bancos por haberse embarcado en absurdas aventuras inmobiliarias le dá miedo que si hoy le pedimos a los banqueros que reciban compensación relacionada a la calidad de su trabajo mañana le van a pedir lo mismo al resto de los españoles. 

Le van a atar un poco de la compensación a los profesores por ejemplo según cuánto aprendan los alumnos, o a los policías le van a dar un bono según si aumenta o disminuye la seguridad en su barrio, o en general se van a atar los sueldos de alguna manera a los resultados. 

Este concepto, de conectar sueldos con resultados y bajárle mucho el sueldo a los banqueros por los malos resultados obtenidos asusta al español medio y es por eso, opino, que no protesta contra los altos ejecutivos de la banca que siguen ganando muchísimo más que el español medio mientras el español medio le financia. 

Para mi es interesante ver que desde que vivo en España desde el 95 que la única industria en la que el pueblo español parece totalmente convencido que hay que atar compensación a resultados es el fútbol. Nunca vi un público tan exigente con el resultado de sus empresas como el español fan de fútbol. El resultado está a la vista, los equipos españoles de fútbol son líderes globales. Opino que si los españoles esperaran que sus altos ejecutivos, fueran tratados como los entrenadores de fútbol y los empleados como los jugadores, el Real Madrid y el Barcelona dejarían de ser las únicas marcas globales españolas. Lo que hace España para tener los mejores equipos del mundo lo tiene que hacer en menor escala con el resto de la sociedad y atar compensación, aunque sea en una pequeña parte, a resultados. Y en el caso de la banca no puede ser que estemos todos los contribuyentes salvándoles sin pedir que bajen su compensación.

lunes, 13 de octubre de 2008

Niusletter, newsletter literario desde Argentina.

Existe un newletter literario, se llama NIUSLETTER, con aportes desde Argentina.
Los tópicos son variados. Cuentos, poesías, aportes, ingenios. 
http://niusleter.com.ar/cualquiera/cualquiera.html
De algún modo puede ser como un paseo.
A veces parece atrevido o zafado, pero nos acompaña... cuando aparece.
Es de "aparición cada tanto". Así es la creatividad: espontánea.

sábado, 11 de octubre de 2008

para leer un rato, un cuento del francés Maupassant

PROSA

En una noche de primavera

(completo)


http://www.niusleter.com.ar/

Jeanne iba a casarse con su primo Jacques. Se conocían desde la infancia y el amor no adoptaba entre ellos las formas ceremoniosas que toma generalmente en la buena sociedad. Habían sido criados juntos sin sospechar que se amaban. La joven, algo coqueta, le hacía, sí, algunos arrumacos inocentes al joven; lo encontraba agradable, además, y buen chico, y cada vez que lo volvía a ver, lo abrazaba con toda su alma, pero sin estremecimientos, sin ese estremecimiento que parece arrugar la carne, desde la punta de las manos a la punta de los pies.

Él pensaba simplemente: "Es linda, mi primita"; y la evocaba con esa especie de enternecimiento instintivo que un hombre experimenta siempre hacia una chica linda. Sus reflexiones no iban más lejos.

Puro he aquí que un día Jeanne oyó por casualidad a su madre decir a su tía (a su tía Alberte, pues la tía Lison se había quedado soltera): "Te aseguro que se amarán en seguida, esos chicos; se ve. Por mi parte, Jacques es enteramente el yerno sonado".

E inmediatamente Jeanne se había puesto a adorar a su primo Jacques. Entonces se había ruborizado al verlo, y su mano había temblado en la mano del joven; bajaba los ojos cuando encontraba su mirada, y se las arreglaba de mil maneras para que él la abrazase; hasta el punto de que él se había dado cuenta de todo. Había comprendido y, con un impulso en el cual se hallaba tanto la vanidad satisfecha cuanto un carino verdadero, había cogido a su prima entre sus brazos, susurrando a su oído: "!Te amo, te amo!".

A partir de ese día, todo fue arrullos, galanterías, etc., un despliegue de todos los modales amorosos que la pasada intimidad volvía libres y desenvueltos. En el salón, Jacques abrazaba a su novia delante de las tres ancianas senoras, las tres hermanas, su madre, la madre de Jeanne y su tía Lison. Paseaba con ella, solos los dos, días enteros por los bosques, a lo largo del pequeno río, a través de las praderas húmedas, donde la hierba estaba acribillada de flores campestres. Y esperaban el momento fijado para su unión, sin una impaciencia demasiado viva, pero envueltos, acunados por una deliciosa ternura, saboreando el exquisito encanto de las caricias insignificantes, de los dedos oprimidos, de las miradas apasionadas, tan largas que las almas parecen mezclarse; y vagamente atormentados por el deseo aún indeciso de los grandes abrazos, sintiendo como inquietudes en sus labios que se llamaban, parecían acecharse, esperarse, prometerse.

A veces, cuando habían pasado todo el día entre esta especie de tibieza apasionada, entre estas platónicas ternuras, tenían, por la noche, como un cansancio singular, y lanzaban ambos hondos suspiros, sin saber por qué, sin comprender, suspiros henchidos de espera.

Las dos madres y su hermana, la tía Lison, miraban este joven amor con risueno enternecimiento. Tía Lison, sobre todo, parecía muy emocionada al verlos.

Era una mujer bajita que hablaba poco, se borraba siempre, no hacía nada de ruido, aparecía solamente a las horas de las comidas, volvía a subir en seguida a su habitación, donde permanecía encerrada sin cesar. Tenía un aire bondadoso y anticuado, ojos dulces y tristes, y casi no contaba en la familia.

Las dos hermanas, que eran viudas, y que habían ocupado un puesto en la buena sociedad, la consideraban en parte como un ser insignificante. Se la trataba con una familiaridad sin miramientos que ocultaba una especie de bondad algo despreciativa hacia la solterona. Se llamaba Lise, pues había nacido por los días en que Béranger reinaba en Francia. Cuando se había visto que no se casaba, que ya no se casaría sin duda, de Lise había pasado a Lison. Hoy era "tía Lison", una humilde anciana muy limpita, espantosamente tímida incluso con los suyos, que la querían con un carino en el que entraban el hábito, la compasión y una benévola indiferencia.

Los ninos no subían nunca a besarla a su habitación. Sólo la criada penetraba allí. Para hablar con ella, la mandaban a buscar. Apenas se sabía dónde estaba situada esa habitación, esa habitación donde transcurría en solitario aquella pobre vida. No ocupaba un sitio. Cuando no estaba presente, nunca se hablaba de ella, jamás se pensaba en ella. Era uno de esos seres borrosos que sus mismos allegados desconocen, como inexplorados, y cuya muerte no deja un hueco ni un vacío en una casa, uno de esos seres que no saben entrar ni en la existencia ni en los hábitos, ni en el amor de quienes viven a su lado.

Caminaba siempre a pasitos presurosos y mudos, jamás hacía ruido, jamás chocaba con nada, semejaba comunicar a los objetos la propiedad de no producir el menor sonido; sus manos parecían hechas de una especie de algodón, al manejar tan leve y delicadamente los objetos que tocaban.

Cuando se pronunciaba: "tía Lison", esas dos palabras no despertaban, por así decirlo, el menor pensamiento en el espíritu de nadie. Es como si se hubiera dicho: "la cafetera" o "la azucarera".

La perra Lotte poseía ciertamente una personalidad mucho más acusada; la miraban sin cesar, la llamaban: "Mi querida Lotte, Lotte, bonita, mi pequena Lotte". La llorarían infinitamente más.

La boda de los dos primos debía celebrarse a finales del mes de mayo. Los jóvenes vivían con los ojos en los ojos, las manos en las manos, el pensamiento en el pensamiento, el corazón en el corazón. La primavera, tardía ese ano, vacilante, aterida hasta entonces bajo las blancas heladas de las noches y la brumosa frescura de las mananas, acababa de estallar de repente.

Algunos días cálidos, un poco velados, habían removido toda la savia de la tierra, abriendo las hojas como por milagro, y difundiendo por doquier ese buen olor debilitante de los brotes y de las primeras flores.

Después, una tarde, el sol victorioso, secando por fin los vahos flotantes, se había desplegado, irradiando sobre toda la llanura. Su clara alegría había llenado la campina, había penetrado por todas partes, en las plantas, los animales y los hombres. Los pájaros enamorados revoloteaban, batían las alas, se llamaban, Jeanne y Jacques, oprimidos por una deliciosa felicidad, pero más tímidos que de ordinario, inquietos por aquellos sobresaltos nuevos que entraban en ellos con la fermentación de los bosques, se habían quedado todo el día uno al lado de otro en un banco a la puerta de la quinta, no atreviéndose ya a alejarse solos, y mirando con ojos vagos, allá lejos, sobre el lienzo de agua, los grandes cisnes que se perseguían.

Luego, ya atardecido, se habían sentido apaciguados, más tranquilos, y, después de la cena, se habían acodado, charlando suavemente, en la ventana abierta del salón, mientras sus madres jugaban a los cientos en la claridad redonda que formaba la pantalla de la lámpara, y la tía Lison calcetaba medias para los pobres del pueblo.

Un alto oquedal se extendía a lo lejos, detrás del estanque, y entre el follaje aún menudo de los grandes árboles, la luna había aparecido de repente. Había subido poco a poco a través de las ramas que se dibujaban sobre su orbe, y, ascendiendo en el cielo, entre las estrellas que borraba, había empezado a derramar sobre el mundo ese resplandor melancólico en donde flotan blancuras y suenos, tan caro a los tiernos, a los poetas, a los enamorados.

Los jóvenes la habían mirado al principio, y después, totalmente impregnados por la tierna suavidad de la noche, por aquella iluminación vaporosa de césped y macizos, habían salido a pasos lentos y paseaban por la hierba blanca hasta el lienzo de agua que brillaba.

Cuando hubieron terminado las cuatro partidas de cientos de todas las noches, las dos madres, que se adormecían poco a poco, tuvieron ganas de acostarse.

"Hay que llamar a los chicos", dijo una.

La otra, de un vistazo, recorrió el horizonte pálido donde dos sombras erraban dulcemente.

"Déjalos, prosiguió, !está tan bien afuera! Lison los esperará, ?verdad, Lison?".

La vieja senorita alzó sus ojos inquietos, y respondió con su voz tímida:

"Claro que sí, los esperaré."

Y las dos hermanas se fueron a la cama.

Entonces tía Lison se levantó a su vez, y, dejando en el brazo del sillón la labor iniciada, su lana y la gran aguja, fue a acodarse a la ventana y contempló la encantadora noche.

Los dos enamorados caminaban sin tregua, a través del césped, desde el estanque a la escalinata, desde la escalinata al estanque. Se estrechaban los dedos y ya no hablaban, como sacados de sí mismos, mezclados con la poesía visible que exhalaba la tierra. Jeanne vio de repente en el marco de la ventana la silueta de la vieja senorita, dibujada a la claridad de la lámpara.

"Vaya, dijo, tía Lison nos mira".

Jacques alzó la cabeza.

"Sí, repitió él, tía Lison nos mira".

Y continuaron sonando, marchando lentamente, amándose.

Pero el rocío cubría la hierba. Tuvieron un pequeno escalofrío de frescor.

"Volvamos ya", dijo ella.

Y regresaron.

Cuando penetraron en el salón, tía Lison se había puesto a calcetar otra vez; tenía la frente inclinada sobre su trabajo, y sus pequenos dedos flacos temblaban un poco como si hubieran estado muy fatigados.

Jeanne se acercó:

"Tía, nos vamos ya a dormir".

La vieja senorita volvió los ojos. Estaban rojos como si hubiese llorado. Jacques y su novia no le prestaron atención. Pero el joven vio los finos zapatos de la muchacha totalmente empapados de agua. Le asaltó la inquietud y preguntó tiernamente:

"?No habrás cogido frío en tus piecitos?".

Y de repente los dedos de la tía fueron sacudidos por un temblor tan fuerte que la labor se le escapó de ellos; el ovillo de lana rodó a lo lejos por el entarimado; y ocultando bruscamente el rostro entre las manos, la vieja senorita se echó a llorar con grandes sollozos convulsivos.

Los dos jóvenes se lanzaron hacia ella; Jeanne, de rodillas, abrió los brazos, trastornada, repitiendo:

"?Qué tienes, tía Lison? ?Qué tienes, tía Lison?..."

Entonces la pobre vieja, balbuciente, con la voz banada en lágrimas y el cuerpo crispado de pena, respondió:

"Es que. es que. cuando él te ha preguntado: ?No habrás cogido frío. en. tus piecitos?... !Jamás me han. jamás me han dicho esas cosas a mí!... !Jamás!... !Jamás!".

Guy de Maupassant (Francia, 1850-1893) estudió en Yvetot y Ruán.

Tras la guerra franco-prusiana trabajó en varios ministerios, y fue cronista en Le Figaro y Le Gaulois.

En 1967 conoció a Flaubert, quien le presentó a Turgeniev y Zola, gracias a lo cual en 1880 publicó su primera obra conocida, "Bola de sebo". Escribió más de trescientos cuentos (entre los que se destacan "El horla", "El miedo", "Claro de luna") y cinco novelas (Una vida, Bel-Ami o Fuerte como la muerte, Pierre y Jean, Mont-Oriol y Nuestro Corazón). En 1892, atacado de los nervios por la sífilis, trató de suicidarse. Lo internaron y murió en la clínica al ano siguiente. Usó algunos seudónimos: Joseph Prunier, Guy de Valmont, Maufrigneuse.

viernes, 10 de octubre de 2008

quienes tienen derecho a ser protagonistas

Recibí el mail cotidiano de Martín Varsavsky (me suscribí a él pues me parece - de algún modo - cosmopolita, que abreva en distintas fuentes) y en la fecha de hoy él escribe sobre un accidente producido por un piloto conduciendo un avión de Spanair, quien solía concurrir a cumplir sus funciones con una almohada que utilizaba para dormitar "mientras era el momento de ascenso y despegue del avión".
http://www.elpais.com/articulo/espana/Spanair/suspendio/mes/empleo/sueldo/copiloto/quedo/dormido/despegue/elpepuesp/20081008elpepunac_11/Tes
Y dice Martín:"
y es que volar es algo demasiado complicado para que quede totalmente en manos de los pilotos".
No me queda en claro ¿quiénes se ocuparían de la función de pilotear el avión si no los pilotos?. ¿O propone que a los pilotos los supervisarían otras personas?

O se referirá a una opción de que los aviones tengan un sistema de "apoyo tecnológico" para el despegue parecido al que han incorporado a algunos automóviles con sensores e indicadores que avisan - al conductor que está realizando las tareas de estacionamiento del vehículo - cuando se halla muy próximo del o de los vehículos cercanos para que tome precauciones al realizar sus maniobras, mediante una chicharra que emite un sonido indicando la proximidad y que esté atento a esta circunstancia.

¿cómo sería en el caso de los pilotos? ¿hay alguna referencia física que pueda indicar al piloto de un avión - en el proceso de despegue - de la cercanía de algunos obstáculos que hicieran peligrar al avión en la maniobra que "se" está llevando a cabo?
¿Harían presenciar a algunos funcionarios las acciones del piloto mientras desarrolla sus funciones?
Esto me hace pensar en algunas actividades y responsabilidades que realizamos los seres humanos y para las cuales - tal vez - no tendríamos autonomía y debiéramos ser "supervisados". (¿?)
Por ejemplo:
  • los padres, quienes deberíamos tomar clases de aptitud para saber desempeñar nuestras funciones en la educación de los niños y acompañamiento emocional a lo largo de su crecimiento y desarrollo. Deberíamos ser supervisados y recibir instrucciones periódicas, con controles como se realiza a los siquiatras y sicólogos para verificar nuestra aptitud y actualización a las últimas novedades e interpretación de los óptimos modos de realizar nuestra tarea.
  • los políticos, quienes desempeñan funciones "representativas" de la opinión de sus seguidores. Deberían ser controlados mediante sondeos de opinión de su actualizada modalidad de expresar los sentimientos y opiniones más recientes de los representados (ciudadanos votantes). Deberían recibir capacitación desde pequeños para sus tareas representativas (¿quién sabe para dónde se dispararán las personalidades de las personas y cuándo comenzarán a derivar hacia su deseo de cubrir puestos políticos?) y actualizaciones periódicas donde se les insista y reitere que sus funciones tienen que ver con representar a los ciudadanos, a sus intereses y a la defensa de las instituciones y entidades, protegiendo también los intereses de la Nación. Con periódicos controles de su desempeño correcto (ético y legal). Debería implementarse un sistema de consulta sencilla, por la cual el ciudadano pudiera solicitar información sobre estos desempeños y que el incorrecto desempeño fuera motivo de sanción que estuviera previsto por ley. (Las leyes las dictan los representantes del Pueblo:¿elaborarían, propondrían y sancionarían leyes que pudieran ir en contra de su individualidad?)
  • los profesionales, quienes deben ser supervisados y controlados por sus respectivos colegios que los aglutinan, en defensa de la respectiva profesión y en la promoción de mejores formas de desempeñar su rol como tales, para servir a los clientes, pacientes o cual sea la relación con el profesional.
  • y cada individuo en su área, en su ubicación en la sociedad, como vecinos, ciudadanos, personas, alumnos, consumidores, votantes, parientes, asociados de instituciones y clubes, etc. Todos deberíamos recibir capacitaciones y actualizaciones en nuestra relación con la sociedad, con la comunidad, desde principios éticos y de convivencia. Ésto debería ser una constante, en forma periódica.

http://spanish.martinvarsavsky.net/?p=3011&akst_action=share-this
http://feeds.feedburner.com/~r/martinvarsavsky/spanish/~3/415844774/piloto-despega-dormido.html

jueves, 9 de octubre de 2008

para verificar si existe una dirección de mails

http://www.emailvalido.com/#web

Es muy sencillo. Se ingresa la dirección de mail en el espacio, se clickea y da el resultado de confirmación al instante.

miércoles, 8 de octubre de 2008

directorio de blogs gratis

Si estás buscando dónde publicar un blog gratis, he aquí algunas direcciones.
directorio de blogs gratis

lunes, 6 de octubre de 2008

nos quedamos paralizados cuando analizamos mucho

http://dennisveliz.blogspot.com/2008/02/los-parlisis-por-anlisis.html

Los parálisis por análisis


Nunca se me olvidará la primera vez que oí hablar de este término. Un responsable de área de una gran empresa me explicó el peligro de llegar a la parálisis por análisis. “Mira IC, nunca vas a tener todos los datos, toda la información para decidir. Siempre cabrá la posibilidad de pedir más, de informarse más. Y con ello seguramente irás eliminando el grado de riesgo, de incertidumbre.


Pero como te digo es un proceso sin fin. Y llegado un punto de nada te servirá tomar esa decisión al no hacerlo en un tiempo óptimo.” Me quedó claro que no basta con tomar las decisiones correctas, hay que tomarlas del modo más rápido posible. Sobre todo en estos tiempos que vivimos. Aún recuerdo como Cruyff justificaba que lo que diferenciaba a un gran jugador de un buen jugador era la rapidez en la ejecución, con lo que se adelantaba a la defensa.
En estos últimos meses he visto en la Blogosfera varias referencias a este termino. En junio, Tochismochis, en CreativeMinds, hablaba de este fenómeno, desde la perspectiva del mundo del software, de la consultoría, de la gestión de proyectos, etc…(...)
Juan Luís, hablando de lo suyo, del Marketing, afirma que las pequeñas empresas padecen este tipo de parálisis cuando tiene que afrontar la planificación y gestión de su Marketing. La realidad que acaban contemplando se les hace dura, se resisten a admitirla. Es un proceso doloroso.

(...) Es un problema de las personas. A las personas nos cuesta decidir, nos cuesta enfrentarnos a los problemas, nos cuesta asumir riesgos. Y por mucho que algunos jefes piensen lo contrario, no somos tontos. Nuestra mente es ágil y cobarde y busca escapatorias. La cuestión es quedarse en nuestra zona de confort, que no nos molesten. Y ahí nos encontramos con la parálisis por análisis. Me sugestiono a mi mismo de que hago lo correcto, de que el análisis es fundamental para tomar la decisión adecuada, y me hago trampas al solitario demandando más y más información para evitar tomar la decisión. Esta parálisis surge de nuestro propio inconsciente. Creo que es inevitable, y que lo mejor es ser conscientes de ello, para en cuanto la detectemos, luchar contra ella.

Y para acabar, un consejo. No se puede eliminar totalmente el riesgo (no sería bueno ni sano, además). Nuestra función es gestionar la incertidumbre.

sobre el sufrimiento de no comprender

Entrevista | Daniel Pennac

"Yo he vivido el fracaso escolar"

El escritor francés acaba de publicar en Europa Mal de escuela, un libro autobiográfico que reabrió en su país el debate acerca de la educación. Allí, el novelista evoca el sufrimiento que padeció como alumno y su experiencia como docente

http://adncultura.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=1054968

-Desde las primeras páginas, advierte que no ha escrito un libro sobre la escuela, sino sobre los malos alumnos. ¿Temía ser malinterpretado?


-Quería dejar muy claro que éste es un libro sobre el sufrimiento que produce el hecho de no comprender. No pretende analizar la institución escolar, sino ese tipo de dolor, que me parece bastante desconocido. Se suele creer que a los malos alumnos les da todo igual, pero la realidad es otra. El fracaso escolar se vive con un gran sufrimiento. Yo lo sé porque lo he vivido.

-¿Cómo se origina ese sufrimiento?

-Por el simple hecho de no entender la pregunta del profesor. Es algo que empieza a una edad muy temprana y que tiene efectos colaterales: el niño cree que no encaja en la escuela y desarrolla una especie de rechazo hacia la institución; la familia se preocupa y no sabe cómo ayudarlo, y el docente lo vive como un fracaso personal y profesional. Es como una bomba de fragmentación.

-Sin embargo, su tesis sobre el fracaso escolar es que no existe la fatalidad. Su libro es optimista.

-Sí, porque he logrado que alumnos sin ningún sentido de la ortografía, que hacían 350 faltas por línea y que desconocían todo tipo de estructura gramatical, salieran adelante en pocas semanas. Eso te convierte inevitablemente en un profesor optimista [risas].

-¿Cuál es su fórmula milagrosa?

-He comprobado que podemos curar las malas aptitudes si ignoramos las causas y nos concentramos en los efectos. Hay que resistir esa tentación natural que tiene todo joven profesor, que consiste en hurgar en el alumno para descubrir por qué se le da tan mal la escuela. Lo más fácil es creer que un estudiante es malo porque sus padres lo sentaron sobre los fogones de la cocina como castigo cuando era pequeño.
(...)

Vida de maestra, noticias de la moda, hacerse blogger

Cambio de vida

17 Septiembre 2008

Llevo muchos años en la enseñanza, y nunca hubiera pensado que tomaría una decisión así, un cambio de vida tan drástico: dejar la tiza y colgarme de un ordenador para contarte todos los días mis reflexiones sobre la moda.

Cualquiera me diría que no es para tanto y que no sea exagerada. Pero para mi es mucho. De todas formas, nunca cerraré las puertas a la posibilidad de volver a la enseñanza. Eso está ahí.
Puede que este cambio que pretendo dar a mi vida no me llene o no me haga feliz. Pero creo que tengo que intentarlo y ser valiente.
Siempre he pensado que la enseñanza era lo mío, pero quizá me equivoqué. Prefiero no pensar en equivocación, eso suena muy mal. Y da mucha pena.

De todas formas la escuela de hoy en día no es aquella con la que soñé. Y nada de lo que yo esperaba queda ya en las aulas. No hay ganas de nada y así no se puede. Los jóvenes y niños, como desgraciadamente tienen el respaldo de sus padres, se creen superiores a ti. No tienen ningún respeto. Desgraciadamente hay chavales maravillosos, pero los petardos son los que manejan la clase. Y son de los que te acuerdas cuando llegas a casa.

De todas formas lo peor está por venir y yo no me quiero quedar a verlo. ¡Qué gracia! Parece que esté hablando de la crisis económica que nos avecina, y que según algunos economistas lo peor está por llegar. Te aseguro que nadie quiere quedarse a verlo, pero parece que no va a haber otro remedio. Yo estoy intentado buscar una alternativa a mi vida.

Quiero algo nuevo, diferente, y no una lucha continua con unos niños que juegan a ser mayores. Pero para lo que ellos es un juego, para mi es una forma de vida, un poco más complicada cada día.
Puedes pensar que soy una cobarde o que no tengo ganas de luchar. Y seguramente sea verdad, pero lo cierto es que estoy contenta y esperanzada. Aunque es inevitable sentir pena cuando miro hacia atrás, y recuerdo de esos alumnos que me han hecho feliz y me han dado fuerza para seguir adelante cada día.
Cuando era profesora, aparte de mis libros y exámenes, ¿en qué invertía mi tiempo libre? ¿qué es lo que más me gustaba y me interesaba? La moda y, aunque suene superficial, es cierto. Así que bastante animada por mi marido -si no, no hubiera sido posible este proyecto-, aquí me tienes. Estoy dispuesta a colarme en tu ordenador y contarte todo lo que voy viendo y me parece interesante de ese mundillo que es la moda, y que tanto nos gusta.

Me gustaría que tuvieras preguntas o cualquier tipo de comentario para mí. Estaré deseando ayudarte.

http://www.modamola.com/2008/09/17/cambio-de-vida/

Una periodista de 100 años: Mildread Heath

La periodista más aplicada de EEUU

Mildred Heath se levanta todos los días a las ocho de la mañana, lee las noticias, comprueba su correo y se prepara para iniciar su jornada laboral. Sube a su motocicleta eléctrica y conduce hasta la sede del periódico Beacon-Observer, en Overton, Nebraska. Hasta ahí todo parece normal, pero ella no es una mujer común. De hecho, acaba de recibir un homenaje por su hazaña diaria. Y es que Heath tiene cien años y es la trabajadora más longeva de Estados Unidos.

Heath

Su vocación se le despertó tempranamente, a los 15 años, en su ciudad natal, Curtis, y desde entonces no ha dejado nunca de trabajar. Lleva 85 años en las noticias y dice que hace medio siglo decidió que no se jubilaría. "Disfruto de mi trabajo y me prometí continuar mientras fuera necesaria. Y todavía lo soy", afirma Heath.

En 1933 fundó su propio periódico, el Overton Observer, y poco después adquirió junto con su familia otra publicación local, Elm Creek Beacon, y fusionó ambas redacciones.

En la actualidad su nieta y su marido dirigen el diario. Heath se dedica a investigar, recopilar fotografías, asesorar y atender llamadas. Cumple 30 horas semanales gustosa. "Siempre me gustó el negocio de la prensa y estoy hecha para él", asegura.

Heath está tan compenetrada con el oficio que hasta llevó una libreta y un bolígrafo a su fiesta de cumpleaños número cien y tomó algunas notas. Tampoco se resiste a las nuevas tecnologías. Ha aprendido a usar el ordenador y encuentra grandes ventajas en ciertos aspectos, como en el manejo de las fotografías y en el proceso de impresión. Ella dice que aún tiene cicatrices de cuando, en sus comienzos, se utilizaban plomos calientes en la imprenta.

La trabajadora más longeva de Estados Unidos recibió este título durante una conferencia organizada por la Experience Works Organization, una compañía con sede en Virginia que lucha por los derechos de los ancianos que quieren seguir trabajando después de su jubilación. El Club Nacional de Prensa de Estados Unidos también condecoró a Heath por ser su más antigua, y apasionada, representante.
http://www.233grados.com/blog/2008/09/mildred-heath-s.html
http://www.typepad.com/t/trackback/3027932/33868436

sábado, 4 de octubre de 2008

jueves, 2 de octubre de 2008

Raymond Carver, ha revivido en su vida

Quien ha vivido varias vidas no siempre puede recordar la fecha exacta en la que comenzó cada una de ellas.


http://www.elpais.com/articulo/narrativa/Vidas/Carver/elpepuculbab/20080119elpbabnar_1/Tes/

Antonio Muñoz Molina

lunes, 29 de septiembre de 2008

Pedro Palomar, historia de un ladrón

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1052805

Una nota, un libro

En julio de 2007, Pedro Palomar le contó a LNR, desde la cárcel, los avatares de su vida como ladrón. La entrevista generó el interés de Planeta, que editó la apasionante historia, contada en primera persona. Aquí, un fragmento del libro

Domingo 28 de setiembre de 2008

FOTO

En julio de 2007, Pedro Palomar le contó a LNR, desde la cárcel, los avatares de su vida como ladrón. La entrevista generó el interés de Planeta, que editó la apasionante historia, contada en primera persona. Aquí, un fragmento del libroEl último ladrón romántico, se tituló la entrevista con Palomar, publicada en LNR el 29 de julio de 2007

Hola. Soy Pedro Palomar. Soy ladrón, y antisocial por decisión. Así me defino, es la postura que adopté. Yo no golpeé primero. Sólo devolví golpe por golpe. No tengo de qué arrepentirme. Esta situación me costó más de treinta años de prisión. Pasé por casi todas las cárceles del país. Soy un ladrón con códigos; códigos muy estrictos. No me refugié jamás en filosofías humanistas, no me doblegaron las palizas, las picanas ni los submarinos. El sistema me pega desde que nací. Soy un marginal, pese a quien le pese. No depondré mis ideas, nada le debo a la sociedad, ella me debe a mí. Aun así, considero que estamos a mano. Tengo permiso moral para portarme mal, si es que lo preciso.

No sé si soy de piedra, no sé si soy de estopa, sólo sé que me trataron mal. Me torturaron, me escupieron, me encerraron, me golpearon hasta el cansancio, y cuando por fin se dieron cuenta de que era un humano, se disculparon. Yo no lo acepté. Muy tarde para lágrimas.

Viví masticando mis dientes; así sobreviví, eso me hizo libre, siempre fui libre. Las rejas no me sacaron la libertad, sólo me escondieron el horizonte. No fui esclavo porque las cadenas no hacen la esclavitud. Las cadenas me alimentaron, me forjaron, me convidaron su dureza. Fui capaz de encontrar savia en los aceros y en los muros de concreto.

Es cierto que sacié mi sed de ladrón con mi propia sangre, siempre con mi sangre, nunca con la de otras personas. Muchas veces arriesgué mi vida, pero jamás puse en riesgo la vida de los demás. Respeté la vida. Por eso digo que no le debo nada a nadie y también que son muchos los que me deben a mí.

Hablamos de inseguridad, de pobreza, de marginalidad, pero en realidad no queremos saber de ella. Creemos que la combatimos en los hogares, oficinas, negocios, desde los lugares donde ella no está cotidianamente. Nadie quiere encontrarse con ella. Nadie quiere saber de ella. La habitan los marginales con filosofías opuestas: policías, a quienes les tiran el fardo, y nosotros, los ladrones.

No creo que todos los seres humanos debamos ser iguales. He conocido verdaderas bestias tanto entre mis pares como entre funcionarios públicos. 0.No quiero ser como ellos. Nunca lo fui. No soportaría ser comparado con esas bestias. Me dan risa aquellos que profesan la igualdad entre las personas; yo pienso que deberían gastar esa energía en luchar por una igualdad de oportunidades, y por los premios y castigos que toda sociedad que se precie de inteligente debe organizar. Eso nos llevaría a un mundo menos hipócrita.

La piedad termina convirtiéndose en un mueble donde se apoltrona la conciencia de hombres malos y sacian su hambre los hambrientos. Es nada más que un intercambio de necesidades que hacen perder de vista el verdadero objetivo de la solidaridad y aplasta en el olvido al bien común.

En algún lugar existirá un Dios. De tanto ser sólo yo mi única familia y sobrevivir, me obliga a creer en milagros.

He forzado mil puertas. Y hoy me encuentro ante otra que, extraordinariamente, se abrió sola. Por eso estoy ante ustedes.

Capítulo I

Corrientes, un impreciso día de verano de 1956.

Era un túnel largo, asfixiante, impregnado de humedad y de un olor pesado, como de aceite quemado. Así de rancio se me hacía. De no ser por unas lamparitas que cada veinte o treinta metros destellaban lastimosamente desde el techo con sus luces amarillentas, como de vela, la oscuridad sería de caverna.

Pero había en el fondo del túnel, muy en el fondo, una lucecita más brillante. Brillante y redonda como un lucero en la inmensidad de la noche. Y hacia ella corría yo.

Sentía esa humedad pegada en la piel mezclada con mi transpiración. Las gotas brotaban en mi frente y se deslizaban sobre mis ojos. Me ardían los ojos. Y me los restregaba para ver mejor por dónde estaba corriendo. Me dolían las piernas de correr y correr por ese túnel penumbroso, lleno de piedras. Las piedras parecía que se me clavaban en los pies. Estaba descalzo. Corría medio destartalado, a los trancazos, desparejo, como si buscara escapar de una alfombra de fuego. Cada tanto, mientras corría, levantaba la cabeza para ver si esa lucecita brillante que veía a lo lejos, mi lucero, seguía allí. Corría hacia esa luz. Era la única señal que tenía. No sabía en dónde estaba ni tampoco hacia dónde iba; todo era confuso, irreal, como atrapado en las tinieblas de un sueño espantoso que no me dejaba despertar. Pero esa luz en el fondo del túnel podía ser mi salvación.

Durante mucho tiempo, aun ya de grande, me he preguntado por qué había terminado en ese túnel, lejos de mi familia, lejos de todo.

Yo era apenas un niño que jugaba, feliz y despreocupado, con otros niños entre los verdes pastizales de una isla de los Esteros del Iberá, en Corrientes, mientras los mayores, hombres y mujeres, atendían sus quehaceres. Entre ellos estaban los Laguna, don Eustaquio y doña Conché. Gauchos puros todos ellos. Gente buena, humilde y callada. Gente sufrida que sobrevivía a su manera. No podría decir hoy que los Laguna vivían al margen de la ley, por la simple razón de que el hambre no merece más condena que la que a diario soportan los que imploran justicia desde sus panzas vacías.

Por esos tiempos, mis únicas pertenencias eran un pantaloncito de algodón, una remera de color indescifrable, tres culebras de agua, más de diez crías de yacaré, un cachorro de aguará guazú, o zorro grande lleno de pulgas, un cachorro de yaguareté sin pulgas y todos los árboles frutales que hasta esa edad yo podía identificar: mangos, guayabas, piñas, mamones, naranjos y pomelos. En el rancherío yo era el más pequeño de entre los siete niños que había, que eran los hijos de la Conché, la Picuícha y la Alicia, esposas de don Eustaquio, el Cambá y el Epifanio. Pero eran otros dos hombres, el Toro y el Dorado, los que más tiempo estaban conmigo; eran dos gigantones que me enseñaron todos los secretos de los esteros, incluso a cuatrerear vacas ajenas de las estancias vecinas cuando el hambre apretaba.

Un secreto me unía a los Laguna, y en particular a doña Conché. Desde muy niño -y hasta avanzada mi adolescencia, cuando ya no vivía con los Laguna- yo sufrí de una especie muy particular de sonambulismo porque tenía ganas de comer permanentemente. Era como una sensación de hambre perpetua. Eso hacía que me levantara bien temprano, a la hora del ordeñe de la única vaca propia de la aldea, y con una lata de durazno, a modo de jarro, en una mano y un pedazo de mandioca hervida pero ya fría en la otra, caminaba como un autómata hasta donde estaba doña Conché en plena tarea de ordeñe. Como todas las madrugadas, sin decir palabra y apenas mirándome de reojo, me llenaba la lata con leche tibia y espumosa que empezaba a devorar con la fiereza de una piraña mientras regresaba a la pieza para continuar durmiendo como si nada hubiera pasado. Lo asombroso de esta circunstancia era que al despertarme a la mañana desayunaba otra vez. La explicación a esta complicidad la descubriría años después: yo había resultado ser un hijo guacho y, por esa sola razón, merecedor de una ración de comida extra. Comida que no sobraba y raciones que difícilmente se multiplicaban. Yo era especial para ellos. Y más especial todavía para la Conché. Algunos años más tarde mi madre me diría el porqué.

Nada extraordinario, entonces, se suponía podía ocurrir ese día en la aldea; ni siquiera el insoportable calor pegajoso habría de merecer comentario alguno de ninguno de los habitantes del rancherío.

Pero algo iba a suceder. A lo lejos, y en lo peor de la asfixiante tarde de un impreciso día de verano de 1956, los gurises que estábamos ahí divisamos una persona en una canoa hecha con madera de palo borracho que avanzaba lentamente hacia nosotros. Al tocar tierra, una mujer de rasgos delicados, pelo largo y rubio y vestida con una pollera blanca estampada con pequeñas flores verdes empezó a caminar con paso rápido y firme hacia nosotros. No sé los demás, pero yo estaba embelesado con la figura de esa mujer. Era hermosa, como un ángel deslizándose sobre un mar de nubes. Muy decidida y sin titubeos, se dirigió hacia donde estaba el grupo de gurises. Pero sólo a mí me miró fijo. Y enseguida, después de abrazarme fuertemente contra su pecho y de besarme, me dijo, en guaraní: ndeé haé che membui Pedro, a che hegui, ndeé zu Ángeles che rojaiju heta ("vos sos Pedro Antonio, mi hijo, y yo soy Angeles, tu mamá, y te quiero mucho").

Angeles Mancuello me había entregado, apenas yo había nacido, al cuidado de la familia Laguna. Y volvió a la isla seis años después para llevarme. Creo que así como no entró en demasiados detalles cuando me abandonó -nunca nadie me dijo nada-, tampoco lo hizo cuando decidió recuperarme. Sólo me fue a buscar. Y yo, que hasta ese momento creía que los Laguna eran mi familia, cuando para todos en la isla era simplemente el Peti, ni siquiera era Pedro, me iría caminando de la mano de aquel ángel, de esa mujer rubia vestida de blanco hasta la canoa que nos esperaba. Tan simple como eso. Nunca nadie me había explicado nada.

No hubo lágrimas en la despedida. No recuerdo haber llorado. Ni yo ni nadie. Sólo un tímido adiós con las manos. Saludo que fue devuelto por el Toro y el Dorado al grito de ani que nderesaray ñandé hégui, che rojaiju... che mita aca guazú ("no te olvides de nosotros, te queremos, hijo nuestro... muchacho cabeza dura").

Al bajarnos de la canoa nos subimos a un auto grande de color negro donde un hombre mayor con cara de culo nos esperaba al volante para llevarnos a la ciudad de Corrientes. Nunca antes había visto un auto. Ni siquiera sabía que eso podía existir, que hubiera algo que marchara sin necesidad de caballos. Pero más que eso, que fue impactante, lo que más me impresionó era el hombre que manejaba. Resultó ser el segundo esposo de mi madre, un inspector de escuelas de apellido Galantini. Era pelado y tenía la cabeza como un huevo de avestruz. Dos arrugas profundas, como dos tajos, surcaban su boca pequeña y de labios tan finos que parecían dos rayas. Y no se reía nunca. (...)

Por Pedro Palomar
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Pedro Palomar fue entrevistado 29/09/08 en Canal 13, Buenos Aires, Argentina, en "Mañanas informales"

muchas veces queremos sentirnos respaldados

" Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. "

*TWAIN, Mark

domingo, 28 de septiembre de 2008

crímenes del justicialismo y del sindicalismo

La nota entrevistando a Reato apareció en La Nación de Buenos Aires, Septiembre 28 de 2008.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1054219&high=reato

"Los autores fueron los Montoneros, no hay más vueltas que darle", dijo a LA NACION,
(...)
Reato señala que los diputados nacionales Juan Carlos Dante Gullo y Carlos Kunkel y Ricardo Grassi, director de El Descamisado , la revista de los Montoneros, "reconocen" que fue esa organización guerrillera la que asesinó al secretario general de la CGT José Ignacio Rucci, el 25 de septiembre de 1973.
(...)
adjudicó a Juan Julio Roqué, un dirigente de esa organización, ser uno de los autores del asesinato.
(...)
El asesinato de Rucci fue un tema incómodo para distintos sectores dentro del justicialismo y del sindicalismo. Allí estaban acostumbrados a resolver sus disputas con mucha violencia, a veces a los tiros. No les gustaba investigar un asesinato donde se suponía que los autores estaban dentro de su propio movimiento.
(...)
Los autores fueron los Montoneros, no hay más vueltas que darle. Lo reconocen Gullo, Kunkel, Ricardo Grassi, además de los testimonios y averiguaciones que hice. Los sectores progresistas deberían dejar de ver fantasmas y conspiraciones de la derecha, reinvindicaciones de la teoría de los dos demonios. Tendrían que darse cuenta de que pueden hacer mucho para que todos tengamos una mirada más ecuánime sobre el pasado.
(...)

-Aníbal Rucci pidió a las organizaciones de derechos humanos que apoyen la investigación por el crimen de su padre. ¿Qué opina al respecto?

-Ellos también tienen una oportunidad de reivindicarse con un sentido más amplio. Pertenecen a la sociedad civil y no a la sociedad política. Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto deberían hablar del tema. Si opinaron de Cromagnon, sobre el conflicto del campo, sobre el Mercosur y el ALCA, ¿cómo no van a hacerlo sobre algo tan importante como el asesinato de Rucci?


sábado, 27 de septiembre de 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

auto eficacia, desarrollo de fortalezas de carácter

http://www.business-opportunities.biz/page/3/

If At First You Don’t Succeed, You’re In Excellent Company
September 18, 2008 by Rich |

The Wall Street Journal:

J.K. Rowling’s book about a boy wizard was rejected by 12 publishers before a small London house picked up “Harry Potter and the Philosopher’s Stone.”

Decca Records turned down a contract with the Beatles, saying “We don’t like their sound.”

Walt Disney was fired by a newspaper editor who said he “lacked imagination.”

Michael Jordan was cut from his high-school varsity basketball team sophomore year.

What makes some people rebound from defeats and go on to greatness while others throw in the towel?
Psychologists call it “self-efficacy", the unshakable belief some people have that they have what it takes to succeed.

First described by Stanford University psychologist Albert Bandura in the 1970s, self-efficacy has become a key concept in educational circles, and is being applied to health care, management, sports and seemingly intractable social problems like AIDS in developing countries.

It’s also a hallmark of the “positive psychology” movement now sweeping the mental-health field, which focuses on developing character strengths rather than alleviating pathologies.

Self-efficacy differs from self-esteem in that it’s a judgment of specific capabilities rather than a general feeling of self-worth. “It’s easy to have high self-esteem — just aim low,” says Prof. Bandura, who is still teaching at Stanford at age 82.

On the other hand, he notes, there are people with high self-efficacy who “drive themselves hard but have low self-esteem because their performance always falls short of their high standards.”
(continúa...)
http://online.wsj.com/article/SB120940892966150319.html